domingo, 10 de junio de 2012

Matías Behety


María

A mi amigo Antonino Lamberti

Hacia tu hogar encaminé mi paso
Y me detuve trémulo en su puerta!
El sol se sepultaba en el ocaso,
Y al abrazarme me dijiste: ¡muerta!

La sombra me inundó. El alma entera
En un sollozo se agotó doliente,
Al mirar esa hermosa primavera
Desmayada en el rayo de su oriente.

¡Muerta!, exclamé, y respondiste: ¡muerta!
Delante su ataúd caí postrado...
Cerré los ojos y la vi despierta,
Su angelical semblante iluminado!

Me hablaba, y sonriendo enternecida,
Envuelta en nubes de flotantes velos,
¡Ah! no lloréis, me dijo, mi partida:
Yo era la desposada de los cielos!


Las dos almas

Del triste cementerio en la capilla
En su blanco ataúd tendida estaba,
En cruz las manos, y la casta frente
De rosas coronada.

La incierta luz de amarillento cirio
Su pálido cadáver alumbraba;
Era joven y hermosa; y muerto había
De un hombre por la infamia.

* * *

Del triste cementerio tras el muro
Sobre la fría tierra muerto estaba;
Las negras sombras de la oscura noche
Su cadáver velaban.

Era joven y hermoso; y muerto había
En desafío del que fueron causa
El vicio, el desenfreno y el desorden
De una vida agitada.

* * *

Allá del infinito en el espacio
Cruzáronse dos almas:
Era la una cual la noche negra
Y era la otra cual el día, blanca.

Se miraron, y alzóse de una de ellas
Compasiva plegaria.
Después bajó la negra, hondo, muy hondo,
Y la blanca subió, alta, muy alta!

Fuente: El parnaso oriental. Antología de poetas uruguayos, Raúl Montero Bustamante, Maucci Hnos. e Hijos, Montevideo, 1905.

Matías Behety nació en Montevideo el 19 de mayo de 1849 y murió en La Plata el 24 de agosto de 1885. Era hijo de vascos franceses y, desde muy pequeño, vivió en la Argentina; primero en Concepción del Uruguay y, luego, en Buenos Aires. Algunos de sus compañeros en distintos colegios fueron Martín Coronado, Eduardo Wilde, Manuel Quintana, Victorino de la Plaza y Miguel Cané (este último le dedicó un par de páginas de Juvenilia). Entre sus amigos, cabe mencionar a Pedro Goyena, José Manuel Estrada, Carlos Guido y Spano, Lucio V. Mansilla y Leandro N. Alem, todos ellos protagonistas destacados de la época. Si bien estudió Derecho, no llegó a recibirse y debió ganarse el pan como periodista. Por otra parte, su espíritu bohemio y romántico lo arrastró a una vida desarreglada que terminó sumiéndolo en el alcoholismo. Este desmoronamiento existencial se agudizó notoriamente tras la muerte prematura de su novia, hecho que le inspiró uno de sus más dolidos poemas: “María”. En busca de un aire nuevo y reparador, Behety llegó a La Plata en 1885 y fue uno de los primeros poetas en afincarse en esta ciudad. Al principio, se hospedó en el Hotel 19 de Noviembre, ubicado en diagonal 80, entre 4 y 5, y trabajó para el diario La Plata, que entonces era propiedad de su amigo Francisco Uzal. Posteriormente, como no disponía de dinero, se mudó a una humilde vivienda de Tolosa que le prestó un allegado. Según cuenta Rafael Barreda en un artículo publicado en Caras y Caretas “Matías era pobre y vivió pobre, casi en la miseria”. Y agrega: “En el último período de su vida, se alejó de sus amigos que estaban en auge y sólo se lo encontraba en los fondines, tabernas o bodegones... Allí se hallaba en su centro, a sus anchas, como él decía, usando de su lenguaje persuasivo, salpicado de figuras bellísimas, compartiendo con los pobres lo pobre de su bolsa. Y, cosa rara, los que escuchaban sus frases, siempre originales –aquella gente ruda e ignorante–, sentían por él el mayor respeto”. Lo cierto es que, al llegar a La Plata, Behety estaba muy deteriorado en lo físico y en lo anímico; tanto es así que, pocos meses después, murió de tisis en el Hospital de Melchor Romero. En ese momento, la inhumación se llevó a cabo en el cementerio de Tolosa, pero, una vez construida la necrópolis platense, sus restos fueron trasladados a ésta, dando origen a un curioso episodio. Se dice que, al ser exhumado, su cadáver se hallaba momificado y resplandecía (“echaba luces”, en palabras de un vecino), por lo que fue expuesto públicamente durante varios días. A raíz de este fenómeno, algunos llegaron a atribuirle poderes misteriosos, generando una especie de mito que contribuyó en gran medida a preservar su memoria. Cabe agregar que Behety no llegó a publicar ningún libro. Su bohemia, el alcohol y el habitual desorden de su alma le impidieron compilar orgánicamente sus poemas, la mayoría de los cuales fueron escritos en papeles sueltos cuya suerte se ignora. Por lo demás, toda su obra tiene una fuerte impronta romántica. Suele atribuírsele erróneamente el soneto “Ilusiones”, que pertenece al poeta y dramaturgo peruano Carlos Augusto Salaverry (1830-1891).

Foto: Tumba de Matías Behety en el Cementerio de La Plata. Fuente: www.metayer.com.ar.

3 comentarios:

  1. Hola César.Hoy leí en El Día un artículo referente al episodio de los restos de Behety. Interesante este "poeta resplandeciente". Abrazo
    Alfredo

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    1. Sí, Behety es un caso curioso. Hay toda una leyenda que gira en torno de su muerte. Más de una vez se dijo que fue el primer poeta platense, pero en realidad sólo vivió unos pocos meses en La Plata. En mi opinión, el primer poeta platense fue Carlos Augusto Fajardo (en la sección “Artículos” de este mismo blog podés leer el texto que publiqué al respecto). Un abrazo y gracias por tu comentario.

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  2. Muy buena reseña. Behety no puede morir mientras se lo siga recordando.

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